Lessons Learned

Por primera vez desde que puedo recordar, puedo afirmar honestamente que me quiero como soy. Esta declaración ha estado en mi vida desde siempre, por mucho tiempo fue mi meta y por otro tanto creí que era cierta; pero como es usual, estaba equivocada. Resulta que nadie me conoce como yo, y ni yo me conozco.

Mi vida hasta ahora ha sido un eterno recorrido en busca de mi autoaceptacion, y aunque resulte difícil admitirlo, de la aceptacion de los demás también. Cuando quise aceptarme y creí haberlo logrado, solo me esforce en apreciar una parte de mi, la parte “buena”, la parte que me ayudaba a alcanzar mis metas y ser feliz, la parte que según yo me acercaba a la autorrealizacion. Y lo logre. El orgullo que sentía por ser como soy me abrumaba, y sobre esa base erigí altos monumentos que solo podrían ser derrumbados desde sus cimientos. Se que esto suena atractivo, suena mas que suficiente y es mas de lo que muchos tienen, lo se porque por mucho tiempo vive con esa certeza y estuve contenta.

Sin embargo, aun restaba mucho mas camino por recorrer. Habia dado unos cuantos pasos en el camino indicado, de eso no me cabe duda, pero la tarea que tenia que enfrentar a continuación era mucho mas compleja, y lo peor es que no estaba consciente de ella. Casi por accidente me di cuenta que quererme a mi misma implica quererme en todos los ámbitos y circunstancias, no solo los buenos. Entendí que mis defectos son los que hacen mis virtudes, que no podría tener los unos sin los otros, y que eso los hace valiosos y tan merecedores de mi orgullo como cualquier otra cualidad.

Aprendí a sentirme bien conmigo misma por dentro y por fuera, y créeme cuando te digo que eso no tiene precio. Desde que vivo de acuerdo a mis propios estándares, lo que los demás opinan me resbala como margarina derretida. Siempre he escuchado de los demás que solo debería cambiar algo de mi si yo lo quiero así, al mismo tiempo que esas mismas personas me instaban a cambiar de acuerdo a sus preferencias. La incoherencia de las sugerencias provocaron que yo no creyera posible cambiar solo para mi, dado que no tenia un concepto individual de lo que quería, resultaba hartamente difícil formar uno cuando cada vez que lo intentaba mis concepciones se veían corrompidas por las ajenas. Era imposible discernir las unas de las otras. Hasta que no lo fue. Gracias a muchos cambios, y con ellos muchas desilusiones, sin proponermelo entendí que ese concepto propio de “whatever works for me” no es hipotético, sino practico. Una vez lleve mis pensamientos a la practica, pude distinguir entre lo que me pertenecía y lo que no.

Y de esa manera llego a mi la impactante realidad: apenas estoy empezando. Tengo un sinnúmero de cualidades que por la razón que sea, juzgo despectivamente;  estas son parte de mi y forman parte de mi cotidianidad, por lo que en otras palabras, me menosprecio a mi misma. Esto, de acuerdo con mis principios, es un crimen, una aberración, un pecado capital. Pero no sentiré vergüenza, pues como veras, incluso eso es parte de mi, y de ahora en adelante me esforzare por apreciarlo y valorarlo, hasta que inevitablemente cambie, y entonces querré a la cualidad que lo sustituya.

 

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